En el mercado de la maquinaria agrícola ya no se habla en potencial. La competencia asiática dejó de ser una amenaza abstracta para transformarse en una realidad concreta que empieza a presionar con fuerza sobre los fabricantes locales.
En los últimos meses, la mayor apertura comercial, la mejora en las condiciones para importar equipos y las altas tasas para financiarse, generaron una corriente leve pero creciente de tractores, pulverizadoras y otros implementos provenientes de China y otros países del sudeste asiático.
Empresas históricas y emblemáticas de producción nacional como Pauny debieron salir a aclarar su situación financiera tras la caída en las ventas y la retracción del mercado interno. Otras fabricantes de equipos, como Metalfor, también atraviesan un escenario de fuerte competencia en precios y presión sobre márgenes. En ese contexto, la discusión sobre competitividad dejó de ser teórica, ya que se mide en dólares y en cotizaciones concretas.
En ese clima se inscribe la historia que contó el medio misionero Plan B Misiones sobre el productor y técnico agrónomo Ricardo Ranger. Su experiencia, más que una anécdota, funciona como síntoma de época.
Según relató ese portal, Ranger decidió consultar directamente a una fábrica china por el precio de un tractor frutero de 90 HP. Lo hizo de manera simple, a través de internet. “Me contestaron al otro día, solicitándome que hablara a un determinado número de whatsapp, todo en castellano”, contó el productor.
A partir de allí, la conversación derivó en una cotización formal. Desde China le ofrecieron una versión básica del equipo por 9.500 dólares y otra con cabina. “También me pasaron la alternativa del mismo tractor con cabina cerrada y aire acondicionado a 11.200 dólares”, precisó.
La comparación con el mercado local fue inevitable. “Allá sin conocerme, una fábrica grandísima, me contestaron al otro día. Acá ese mismo tractor sale 50.000 dólares…”, afirmó, marcando una diferencia que multiplica casi por cinco el valor del equipo.
Pero no fue sólo una cuestión de precios lo que lo sorprendió. También puso el foco en la atención comercial. “Y la verdad es que si intentás llamar a la fábrica, seguro que no te dan ni pelota, te mandan a la m…”, comparó sobre la experiencia con proveedores locales.
Incluso, según contó a Plan B Misiones, la empresa asiática le explicó la lógica logística detrás de la operación: “Los chinos también me explicaron que como en un contenedor pueden caber hasta dos tractores, me pueden hacer precio si adquiría dos unidades”.
Ranger no se definió como un defensor irrestricto de la apertura comercial. “La verdad es que no estoy a favor de la apertura irrestricta de importaciones…”, aclaró. Sin embargo, también reconoció la magnitud del problema de costos: “…pero también es cierto que algo de razón tiene Milei, acá todo es carísimo y China ofrece productos mucho más baratos, de alta tecnología, calidad y con gran atención al cliente”.
Su diagnóstico fue más amplio que la simple compra de un tractor. “Acá en la Argentina, te fundís trabajando”, señaló, en alusión a la presión impositiva, los costos financieros y la estructura productiva. Y cerró con una frase que resume el dilema de buena parte del sector: “¿Cómo vamos a poder competir con China? Es imposible, esa es la triste realidad”.




