Una pregunta recurrente invade los ámbitos ganaderos ¿Conviene vender hacienda para comprar tierra ante el elevado poder de compra del activo biológico?
La hacienda ha subido por el ascensor y la tierra, aunque despertando, sube por escalera. Hoy el productor ganadero se encuentra ante una ventana de arbitraje patrimonial histórica: la posibilidad de transformar kilos de carne (un activo perecedero y volátil por su dependencia política) en hectáreas (el activo de resguardo por excelencia para el agro).
El novillito ha quebrado la barrera de los 5000 pesos por kilogramo, el ternero de invernada se mueve en el eje de los 4,0 dólares por kilo, y una vaca con garantía de preñez nueva supera los 2,0 millones de pesos, alcanzando valores por encima de los 2500 dólares en algunos casos. Del otro lado, el mercado de tierras, si bien se mantiene firme y con consultas crecientes, no han validado aún la explosión de tales valores.
Esto ha generado un “poder de compra” para el ganadero que duplica su capacidad histórica. Dependiendo la región del país en la cual se haga el análisis, la relación de campos ganaderos de cría varía entre 1,14 y 1,56 vacas con garantía de preñez por hectárea. En otras zonas con posibilidad de invernada, la relación queda entre 3,05 y 3,66 vacas por hectárea.
“En economía, cuando el flujo de caja futuro promete ser récord, desarmar la posición productiva puede ser un negocio costoso”, advierte el economista y consultor en gestión empresarial y financiera Hernán Satorre.
“Cada empresa tendrá que realizar su análisis en función de su situación actual –productividades, endeudamiento, rentabilidades, eficiencias, flujo actual y futuro–, pero en términos generales, si su objetivo es blindar capital y salir del riesgo biológico, la respuesta tendría que ser vender para comprar hectáreas. Los campos ganaderos, históricamente relegados, son hoy el activo más buscado porque quedaron baratos frente a la vaca”, añade en un artículo publicado en Contenidos CREA.
Satorre señala que “promediando, hoy vendés tres vacas y te comprás una hectárea en zonas ganaderas. Hace años, esta relación requería el doble de capital hacienda. Se estaría vendiendo el activo en su techo (hacienda) para comprar el activo en su piso o inicio de recuperación (tierra)”.
Según datos del Informe Ganadero de CREA, un campo adquirido a 3300 u$s/ha y alquilado a valores de mercado (60-70 kg de novillo/ha) está generando una renta neta en dólares del 3% al 4%, una cifra que compite con cualquier instrumento financiero internacional de bajo riesgo.
El mercado inmobiliario, por otra parte, es “lento”. La Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR) advierte que la demanda está ganando terreno y los precios comenzarán a corregir al alza si la macroeconomía se estabiliza. Entrar hoy es capturar esa plusvalía futura.
“Ahora bien, si en función de la situación particular de la empresa agropecuaria el objetivo es el flujo de fondos operativo, vender vientres hoy podría ser un error estratégico”, remarca el consultor.
“Descapitalizarse en un ciclo de retención y escasez es vender la máquina de hacer billetes justo cuando el producto vale más, lo que podría no ser la mejor opción. La decisión de venta dependerá de muchos factores: perspectivas futuras del negocio por parte del empresario, necesidades operativas de fondos para realizar la operación, requerimientos de liquidez para hacer frente a los compromisos y vencimientos de deuda ya tomados y su situación impositiva, entre otros factores”, explica.
El Outlook Ganadero CREA 2026 proyecta una caída de stock de 600.000 a 525.000 terneros para este año. Hay menos terneros y la demanda sigue firme. Vender una vaca preñada hoy podría implicar renunciar a producir el bien más escaso de la economía agropecuaria argentina de los próximos dos años.
“Los modelos de cría en la Cuenca del Salado y de ciclo completo muestran márgenes brutos muy superiores al promedio histórico y al año anterior, impulsados por la valorización del ternero y la vaca de refugo. La actividad ganadera per se está ofreciendo una rentabilidad operativa que justifica retener”, argumenta.
Satorre sostiene además que “si se vende hoy para comprar tierra, volver a comprar esas cabezas podría ser más costoso a futuro. La reposición de vaquillonas o terneros tiene precios que asustan. El costo de oportunidad de vaciar el campo es perderse una eventual suba adicional en el ciclo 2026/27 y el flujo de fondos futuros que generaría, debido a una oferta que será insuficiente por varios años”.
Por tales motivos, el consultor dice que estamos frente a “una decisión de perfil, no de Excel. El Excel cierra para ambos lados dependiendo de las proyecciones futuras que usemos para las principales variables”.
Para un inversor patrimonialista, la relación de canje actual es una anomalía que el mercado corregirá (la tierra subirá o la hacienda bajará). En ese caso: asegurar hectáreas.
Para un empresario ganadero en crecimiento, la escasez de oferta proyectada y la firmeza de la demanda internacional parecen anticipar precios sostenidos. En ese caso: quedarse con el activo biológico. En un mundo de incertidumbre, la vaca es hoy moneda dura y flujo asegurado.
El consultor también indica que toda evaluación debe contemplar variables clave, tales como el escenario del empresario (¿Cuál es su perspectiva a futuro? ¿Cómo estima que se proyectarán las principales variables y el negocio?) el horizonte de inversión (¿Busca renta perpetua, aterrizar ganancias para incrementar la base de producción futura o maximizar el flujo de caja a 24 meses?), eficiencia productiva (¿Es alta o baja?), costo de reposición (¿Cuánto costará volver a llenar el campo, ya sea comprando o capitalizando), calidad del activo (¿El campo por comprar vale la pena o se transformará en un problema?) y expectativa macroeconómica de la Argentina.







