Entre las 7 y las 9 de la mañana, los ruidos de diferentes motores copan la finca del productor salteño César Bejarano. Trabajadores en moto y cuatriciclos circulan entre las hileras de los frutales con un solo objetivo: espantar a los cientos de loros que a diario entorpecen el trabajo en aquella y tantas otras chacras de la localidad de Yuto.
“A eso de las 9 o 10 se frena, y se retoma a las cinco, hasta el cierre de la noche. Si no te hacen un daño importante”, dice Bejarano, que evita sonar gracioso. Porque en efecto, la situación es curiosa pero poco tiene de gracia, teniendo en cuenta que pueden llegar a perderse seis cajones de fruta al día, el equivalente a 150 kilos de producto.
Cuando el emprendimiento familiar estaba más abocado a la producción hortícola, en la época en que el padre y el abuelo de César lo manejaban, estos animales no representaban un problema. Sin embargo, con la reconversión de la finca hacia la fruticultura, algo que cobró gran fuerza en aquella localidad y alrededores, los cuatro hermanos que se hicieron cargo lo comenzaron a contemplar dentro de la lista de costos.
“La naturaleza tampoco deja que los eliminemos y hacerlo es generar un daño al ambiente. Por eso nosotros apuntamos a espantarlo”, señaló Bejarano durante una visita de Bichos de Campo.

La familia produce actualmente distintas variedades de naranjas, mandarinas y limas dulces, sobre la que, aseguró, “aprendieron a los ponchazos”. No fue sino hasta la colaboración de técnicos del INTA local que lograron hacer mejoras dentro del planteo que desarrollan en 100 hectáreas de superficie.
Pero aunque molestos, los loros no son quienes se llevan el primer premio al mayor obstáculo productivo. Por el contrario, las condiciones comerciales de ese sector poco ayudan a los chacareros que buscan crecer.
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“Hoy vendemos en el mercado interno, en Salta y Jujuy. En algún momento queremos llegar a Córdoba pero es difícil. Este año no quedaron ganas de expandirse para ningún lado porque los pecios son horribles desde que abrió la importación”, lamentó Bejarano.
A pocos metros de su campo, a la vera de la ruta, la oferta de mango, ananá, palta y banana importa se multiplica, y aparece incluso antes de la que oferta de fruta local esté lo suficientemente madura para salir a competir.
“Me genera mucha impotencia, sobre todo por lo que nos está costando la producción. Impotencia por la gente que te rodea, por no poder darles un sueldo digno y tener que recurrir a trabajar en negro para seguir produciendo. Es una realidad, lamentable pero cierta”, indicó el productor.
-Hacer todo por derecha, con buenos salarios y todo lo que es implica, ¿te impediría a vos competir con lo importado?- le preguntamos.
-Sí, no se puede. Nosotros no podemos. Hoy por hoy tenemos todos los insumos en dólares, y sube todos los días.
-¿Qué le pedirías al gobernante si tuvieras la chance de que te den bolilla?
-Le pediría que frente la entrada de fruta desde otros lugares para que nosotros podamos vender, para que no nos roben el mercado. Antes nosotros le vendíamos a Bolivia y hoy ellos nos meten fruta a nosotros. Y el precio no es razonable para seguir produciendo. No tenemos ningún subsidio para poder seguir trabajando, y los créditos en los bancos están a tasas imposibles.




