Este lunes continúa vigente la liquidación masiva de contratos futuros de materias primas en EE.UU. (“commodities”), lo que contribuye a reducir el valor de los bienes agroindustriales independientemente de los factores de mercado intrínsecos a cada producto.
Si se toma como referencia el índice de commodities elaborado por la agencia Bloomberg, es factible advertir que en la última semana perdió un 5,3% luego de haber registrado una suba del 16,5% en los últimos seis meses.
La liquidación masiva de futuros de commodities está nuevamente derribando las cotizaciones de la mayor parte de los productos agroindustriales que cotizan en el CME Group (“Chicago”), aunque la peor parte se la llevan las materias primas energéticas y los metales preciosos, que experimentan bajas muy pronunciadas.
El único producto agroindustrial que terminó este lunes con subas intradiarias fue la harina de soja, ya que se especula que la oferta global de ese commodity podría caer fuerte con el avance de la sequía en la región pampeana argentina.
La hipótesis de que se trata de una corrección para tomar ganancias luego de un proceso alcista muy marcado no puede descartarse, especialmente porque los fundamentos estructurales –en condiciones normales– operan a favor de los commodities, como es el caso de la depreciación del dólar estadounidense.
El hecho de que el Baltic Dry Index (BDI), índice que mide el costo del transporte marítimo de materias primas sólidas a granel –como carbón, mineral de hierro o granos– esté experimentando un alza sostenida en las últimas dos semanas tampoco coincide con un panorama bajista para los commodities.
Lo que sí podría provocar una caída generalizada del valor de las materias primas es una crisis financiera sistémica global que enfríe la economía global o bien un conflicto de orden mundial que interrumpa o altere los flujos comerciales y logísticos de materias primas.
En tal escenario, sacarse de encima contratos futuros de commodities puede representar una alternativa óptima antes de que los acontecimientos licúen la demanda mundial de materias primas o dificulten o eventualmente impidan su transporte en regiones clave del orbe.
Más allá de cuál sea la razón, lo cierto es que, en la actual coyuntura, los fundamentos propios de cada producto agrícola pasan a un segundo plano porque la dinámica de los valores depende en su mayor parte de relocalización de grandes flujos de capitales financieros.







