En el agro, muchas veces el recambio generacional no se expresa solo en la edad de quienes empiezan a ocupar espacios de conducción. También aparece en las preguntas que formulan, en los temas que priorizan y en la forma en que entienden el gremialismo rural.
Según muchos de los “pibes” que empiezan a pedir pista en los debates importantes del sector, no hay una negación del pasado, pero sí una incomodidad evidente con discusiones que sienten congeladas. Los jóvenes del agro correntino son testigos de esto, y reconocen las viejas banderas, pero están más interesados en cómo se sigue de acá en adelante.
Nicolás Hernández tiene 24 años y es presidente de la Confederación de Ateneos Rurales de Corrientes, una estructura que hoy nuclea a seis ateneos distribuidos en Curuzú Cuatiá, Mercedes, Bella Vista, Virasoro, Corrientes capital y Goya. Él mismo es de Curuzú Cuatiá y representa a una generación que empezó a ocupar espacios gremiales a una edad impensada hasta hace pocos años.
“Hoy en Corrientes los jóvenes están tomando un papel importante en lo que es el gremialismo”, explica. Según su mirada, ese proceso está directamente vinculado al fortalecimiento de los ateneos rurales. “Si bien no es algo nuevo, después de lo que fue la revolución del campo contra el gobierno con la 125 tomó mucha más fuerza”, afirma.
Hernández tenía siete años en 2008, pero el conflicto forma parte de su memoria y de su recorrido posterior. “Yo soy hijo de productor, eso se escuchaba en casa. Después, cuando uno entra al Ateneo y se empieza a involucrar en lo que fue el gremialismo, es difícil esquivarlo, porque fue un hecho histórico”, sostiene.
Sin embargo, aclara que ese episodio no puede ser el único ordenador del presente. “Las banderas viejas son lo que formaron que nosotros estemos hoy acá”, reconoce, pero marca un límite claro: “Yo creo que por ahí no hay que seguir luchando con eso, sino llevar una transición”.
Para Hernández, el eje está en el recambio y en el acompañamiento entre generaciones. “Esta gente que ya luchó, que le salió bien, tiene que darte las herramientas, el apoyo, empujarte y caminar con vos para que después los jóvenes sean los que lleven esa bandera”, describe. Y lo resume con una imagen sencilla: “Es como una posta en las olimpíadas. Hay que ir pasando la posta y darle para adelante”.
Esa posta, aclara, no implica repetir consignas. “Se fueron actualizando los reclamos, fueron ocurriendo problemas nuevos que se fueron luchando”, explica. Como ejemplo menciona los cambios en el plan sanitario contra la aftosa, resultado de gestiones más recientes. “No quedarse prendido a las viejas banderas, sino estar más abiertos y actualizados para poder dar la lucha diaria”, sintetiza.
La tecnología aparece como uno de los ejes centrales de esa agenda nueva. Hernández habla de ganadería 4.0 y agricultura de precisión. “Hoy estamos hablando de aumentar el stock en menor tiempo, algo que años atrás era impensado”, señala.
Para él, las herramientas tecnológicas ya están disponibles; el desafío es cultural. “El tema es cambiar la cabeza de los productores. A los más viejos por ahí les cuesta hacer ese cambio”, admite.
Ahí ubica el rol de los jóvenes dentro de las empresas familiares. “Nosotros estamos para hacer la transición”, dice. Y baja la idea al terreno cotidiano: “Ir incentivando, decir ‘che, mirá tal cosa, se puede aplicar con dron, se puede comprar tal tecnología’”. No desde la imposición, aclara, sino “de a poquito y sin apuro, hasta donde nos dejan”.
Mirá la entrevista completa con Nicolás Hernández:
Esa relación natural con la tecnología se ve con claridad en la experiencia de Juan Cruz Cabral. Tiene 23 años, es vicepresidente del Ateneo de la Sociedad Rural de Mercedes y trabaja como piloto de drones agrícolas en el centro de Corrientes. Se incorporó al Ateneo a los 18 años, mientras estudiaba producción agropecuaria.
“El Ateneo me ayudó un montón a conocer personas, a ganar experiencia y también a conseguir trabajo”, cuenta. Hoy su trabajo cotidiano está ligado directamente a la innovación tecnológica. “Trabajo con un contratista con drones agrícolas. Básicamente vamos a los campos a aplicar”, explica.
Cabral describe el uso de drones como una herramienta que ya está integrada al esquema productivo. “Con el pronóstico de hoy en día, cuando no da piso entra a trabajar el dron y la terrestre descansa, o al revés”, señala. Y desarma uno de los prejuicios más habituales: “Nos llaman tanto productores grandes como chicos. Los productores de más edad se quedan a ver el trabajo, porque es toda una innovación”.
Lejos de la desconfianza, dice que la reacción suele ser de entusiasmo. “Se enloquecen cuando ven una máquina así, de ese tamaño”, relata. Para muchos, explica, es algo que no habían visto nunca y despierta preguntas más que rechazo.
Mirá la entrevista completa con Juan Cruz Cabral:
Desde su lugar en el Ateneo, Cabral también reivindica el rol del gremialismo. “Todo lo que sea gremialismo está ayudando bastante a los productores, grandes y pequeños”, afirma. Lo asocia a mejoras concretas en los predios y a procesos de innovación que terminan impactando en toda la zona. En su caso, la discusión es bien productiva.
Cuando habla del futuro, su mirada es directa. “El campo es el futuro, y nosotros los jóvenes somos el futuro del campo”, dice. Esto lo plantea como una consecuencia lógica del proceso en marcha. “Hoy en día el campo ya es tecnología. Las maquinarias casi no ocupan personal, es todo inteligencia artificial”, describe. Y concluye, ubicándose en ese escenario: “Ahí estamos nosotros, manejando y operando”.





