A mediados de junio de 2025, en la ciudad de Groningen, Países Bajos, el proyecto de investigación CurveBend vio la luz.
Aquella iniciativa internacional, que tiene por objetivo “generar, evaluar y promover formas de acción colectiva que fomenten la producción ganadera y la conservación de la biodiversidad”, une a instituciones de ciencia, organizaciones de productores y entidades de Europa, África y América, entre las que se encuentra el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
Junto a especialistas de Países Bajos, Kenia y Tanzania, y en el marco de un convenio que se extenderá hasta 2032 y será financiado por el Consejo de Investigación de los Países Bajos (NWO), los investigadores argentinos desarrollarán distintas líneas de trabajo tendientes a “recomponer funciones ecológicas degradadas en los paisajes rurales”.
Entre los participantes locales se encuentran especialistas del INTA en Entre Ríos (EEA Paraná, Concordia, Concepción del Uruguay), Buenos Aires (EEA Bordenave) y Río Negro (EEA Bariloche), junto con investigadores del CONICET y universidades nacionales.
En la región abarcada por el proyecto en Argentina, los sistemas productivos ganaderos se encuentran asentados sobre bosques y pastizales nativos. Por tal motivo, desde INTA señalaron que entre las estrategias evaluadas se destaca el manejo ganadero regenerativo, “basado en una planificación adaptativa del pastoreo para favorecer la recuperación de pastizales y la regeneración de vegetación nativa”.
“La meta de mediano plazo es consolidar sistemas ganaderos que integren producción y conservación, reduciendo la velocidad de pérdida de especies y, eventualmente, revirtiendo la tendencia”, señaló Manuela Fernández, investigadora de la EEA Bariloche y participante en el proyecto.
Rodrigo Tizón, investigador del INTA Bordenave y también integrante de la iniciativa, señaló que “el manejo racional del pastoreo, los descansos estacionales y la asignación variable de carga animal en los pastizales naturales permitiría recuperar biodiversidad en los territorios ganaderos y sostener la rentabilidad de los sistemas”.
Entre los beneficios, se destacan la mejora en la infiltración del agua, el aumento de la materia orgánica del suelo y una mayor presencia de plantas nativas —incluidas gramíneas perennes de raíces profundas— que contribuyen a la estabilidad del sistema y reducen la vulnerabilidad frente a sequías.
En paralelo, los investigadores también trabajan en la conservación de árboles maduros en bosques nativos, clave para sostener hábitats, sombra, regulación microclimática y diversidad de aves e insectos.
Para ejemplificar, la investigadora de la EEA Paraná, Noelia Calamari, señaló: “En Entre Ríos predominan planicies con bosques xerófilos del Espinal —desde cerrados hasta abiertos y sabanas— intercalados con áreas agrícolas”. Según dio cuenta, esos bosques poseen especies como ñandubay, algarrobo negro y espinillo, cuya estructura depende del suelo y del manejo ganadero.
“En el sudoeste bonaerense, en cambio, el paisaje original estuvo dominado por pastizales abiertos con escasa presencia arbórea”, indicó luego.
En los últimos meses, productores, técnicos y referentes de distintas Estaciones Experimentales del INTA impulsaron encuentros, talleres y actividades de intercambio junto con organizaciones locales de productores y de conservación, con quienes comparten el objetivo de fortalecer los sistemas ganaderos en armonía con la conservación de la biodiversidad.

De acuerdo con los impulsores del proyecto, la convivencia entre producción ganadera y conservación de la biodiversidad es uno de los grandes desafíos actuales para investigadores, técnicos, productores y conservacionistas. Por eso para ellos, CurveBend “representa una oportunidad estratégica para generar evidencia concreta sobre los beneficios de prácticas regenerativas aplicadas a sistemas reales, con protagonismo de los propios productores en el diseño y seguimiento de las estrategias”.




