Familia, reuniones, asados y buen vino. Eso es lo que desde hace años une los caminos del músico Luciano Pereyra, el futbolista de Central Córdoba, Iván Pillud, y el empresario de la construcción, Javier Abrego. Y para ponerle un moño a la cuestión, tiempo atrás subieron un escalón más y apostaron por un emprendimiento propio.
“Yo soy de Capitán Bermúdez, al igual que Iván. Él se puso en pareja con mi hermana, se casan y empezamos a frecuentar encuentros y relaciones de comida con Luciano. Eso fue gestando una relación, amistad, almuerzos, cenas y cumpleaños. Y en todos salía la misma charla: ‘tanto que nos gusta el vino, ¿por qué no hacemos algo?’. Así se creó lo que hoy conocemos como Re-Cordis”, recordó Abrego en conversación con Bichos de Campo.

Anclada a la idea de que recordar es pasar por el corazón, algo que Abrego tomó de los libros de Eduardo Galeano, el proyecto Re-Cordis nació para cristalizar los buenos momentos que los amigos pasaban juntos.
Sin conocimientos previos sobre esa producción pero seguros del vino que querían lograr, acudieron a la Facultad Don Bosco de Enología, en Mendoza, en busca de quien sería su enólogo estrella.
“Queríamos a alguien que, en el buen sentido de la palabra, tuviera una obsesión con producir vino, con sentirlo. Ahí fue que conocimos a Mariano Genzel, que fue incursionando en función de los gustos de nuestros paladares, y fue encaminando la producción hasta obtener lo que hoy producimos”, contó el empresario.
Genzel -que en 2021 fue reconocido como Enólogo Revelación por Tim Atkin, con medallas de oro y plata en los Decanter World Wine Awards, y distinciones en Vinus y Wine of Argentina- es quien hoy dirige el proyecto que se lleva adelante en una finca de 10 hectáreas en la localidad de Gualtallary, en el Valle de Uco.
“El sur hoy tiene grandes vinos, así como San Juan y Salta. Pero a nosotros nos gusta el malbec y el malbec es Mendoza. Por eso apuntamos a ese lugar. Compramos un pedazo de tierra, que ya tenía unos parrales de unos 35 años de edad. Según nos explicaron, los producían de mala manera pero salían cosas buenas de la planta. Esa historia nos sedujo a nosotros. Se reacondicionó lo que estaba y comenzamos”, explicó Abrego.
En poco tiempo, los socios aprendieron todo sobre la cosecha de vid, los puntos brics de la fruta, el grado alcohólico que podía tener la producción, y cada vericueto de su procesamiento. Si bien actualmente tercerizan esa parte, ya se encuentran armando instalaciones propias para concentrar todo dentro de la pequeña finca.
Con capacidad para producir unas 30.000 botellas de vino al año, el portfolio de Re-Cordis contempla actualmente tres líneas de malbec: Espejos, un vino más frutado con crianza en concreto por 9 meses; Miradas, con una crianza 50% en concreto y 50% en roble francés; y Parpadeo, con una crianza de 12 a 14 meses en roble francés.
“Es una única uva que pasa por diferentes procesos de fermentación. Este año vamos a lanzar Catalina, que va a ser una mezcla de malbec, cabernet franc y chardonnay. Nosotros solo éramos buenos tomadores de vino, no sabíamos mucho de esto. Pero va pasando el tiempo y vamos aprendiendo, nos vamos aggiornando a las cosas nuevas. Lo que encontramos fue un sentimiento. Era ahí. Y cuando te llama el corazón, tratamos de ir para ese lado”, señaló Abrego.
Aunque los vinos de Re-Cordis ya se ofrecen en distintos restaurantes de Buenos Aires, y tienen también gran salida a través de su página web, curiosamente lograron tener un importante impacto en el exterior.

“Hicimos la presentación en febrero de 2025 en Abu Dabi, y después pudimos concretar una compra ahí. Después nos fuimos a Londres en junio y también nos compraron, y ahora hicimos un despacho a Suiza. No es que miramos al exterior particularmente pero acá hay mucha competencia y hay grandes líquidos. Más que por decisión, nos fue llevando el contexto. Sí creemos que nuestro producto está a la altura del mercado externo porque se hizo de esa manera”, destacó el empresario.
Como siguiente paso, y en una apuesta inédita para el mercado local, la bodega lanzó un acuerdo con La Martina, la marca de la Familia Simonetti.
“Lo conocí a Adrián en algún viaje y ambos queríamos hacer algo gastronómico. La Martina es sinónimo de Argentina, familia y polo. Y Re-Cordis es sinónimo de Mendoza, malbec y familia. Empezamos a charlar y realizamos algunas pruebas como en el Abierto de Palermo”, indicó Abrego. Próximamente, los vinos de la marca se incorporarán a las tiendas internacionales de La Martina, para luego sumarse al resto de su calendario global de eventos.
-¿Hoy continúan con la mente puesta en el hobby y la experiencia compartida o ya comienza a primar la visión de negocio?- le preguntamos.
-Yo siempre digo que si miramos todo con plata no se puede hacer nada. Es una apreciación personal. Nosotros vamos traccionando y vamos teniendo la sinergia de las tres familias. Obviamente que si después esto funciona como uno desea, bienvenido sea. Y si no, es una experiencia que uno transita. Nunca se planteó como un negocio para la inmediatez, pero sí lo hacemos con ganas, porque hay un dinero, hay un tiempo y hay un sacrificio.




