La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) actualizó su informe mensual “El Pulso del Agro” y volvió a dejar un diagnóstico atravesado por contrastes. Según el relevamiento más reciente, casi la mitad de las actividades que integran la producción agropecuaria y agroindustrial mostraron retrocesos interanuales, en un contexto marcado por la inestabilidad macroeconómica, el enfriamiento del consumo interno y la persistencia de costos elevados.
El trabajo, que analiza 19 variables representativas de las principales economías regionales y cadenas productivas del país, mostró que nueve de ellas cerraron el período con variaciones negativas frente al mismo mes del año anterior.
Se trató de un deterioro respecto de mediciones previas, en las que el balance había sido algo más equilibrado, y confirmó que la recuperación del sector sigue siendo irregular y dependiente de cada actividad.
Desde Coninagro señalaron que la actividad económica general había perdido dinamismo en relación con los meses anteriores, afectada principalmente por tasas de interés todavía altas y un consumo que no logró consolidar una recuperación sostenida. Ese contexto impactó de manera directa en varias producciones primarias y en distintos eslabones de la agroindustria.
En ese escenario, algunas actividades continuaron mostrando desempeños negativos. La producción de soja volvió a ubicarse por debajo de los niveles del año previo, mientras que la carne bovina acumuló varios meses consecutivos de caída interanual en su nivel de producción. También persistieron señales de debilidad en economías regionales como la yerba mate, que arrastró registros negativos en la serie de doce meses, y en sectores industriales como la molienda de trigo. A eso se sumaron retrocesos en los despachos de vino, una menor dinámica en la producción de biodiésel y un desempeño desfavorable en la venta de frutas y verduras en el mercado interno.
Ese cuadro contrastó con otros rubros que lograron mantenerse en terreno positivo. El informe reflejó mejoras interanuales en cultivos como maíz y trigo, así como en la producción lechera, mientras que las cadenas de carnes aviar y porcina sostuvieron un crecimiento sostenido. También se destacó el comportamiento de las exportaciones agroindustriales, que continuaron mostrando variaciones positivas, y el repunte en la importación de fertilizantes, interpretado como una señal de mayor actividad vinculada a la siembra de los cultivos de verano.
La agroindustria también reflejó esa dinámica heterogénea. Mientras algunas cadenas vinculadas a alimentos y bebidas acusaron caídas en sus niveles de producción, otras lograron sostenerse gracias a la demanda externa. En paralelo, la industria de maquinaria agrícola volvió a mostrar retrocesos, en línea con un escenario de menor inversión y cautela por parte de los productores.
En materia comercial, el informe destacó que las ventas de carnes y lácteos en supermercados mantuvieron una tendencia positiva, acumulando varios meses de crecimiento interanual. Sin embargo, el consumo de frutas y verduras siguió sin recuperarse, con registros por debajo de los del año anterior.
En cuanto al comercio exterior, las exportaciones agroindustriales continuaron siendo uno de los principales sostenes del sector, con un crecimiento significativo en valor, impulsado tanto por productos de origen vegetal como animal.
En síntesis, la actualización de El Pulso del Agro volvió a mostrar a un sector atravesado por luces y sombras. Si bien algunas actividades lograron sostener niveles de crecimiento o mostrar signos de recuperación, una porción relevante de las economías regionales y de la producción primaria continuó en rojo. Para Coninagro, el desafío está en atravesar un contexto de alta volatilidad macroeconómica sin que esas señales negativas terminen profundizándose en los próximos meses.





