La campaña 2024/25 del maíz no tuvo impacto de Dabulus Maidis, tal como ocurriera durante el año anterior. Es que la enfermedad que causa la chicharrita se registró en nuestro país pero de forma tardía, y por eso los especialistas de la Red Nacional de Monitoreo de esta plaga confirmaron que los impactos negativos en el maíz vinieron por el clima y no por el ataque de la chicharrita.
Luego de una campaña 23/24 para el olvido, donde la chicharrita, endémica de la zona norte del país, bajó sin avisar hasta la zona central para hospedarse en los maíces y transmitir el complejo de enfermedades mencionadas, la campaña está llegando a su fin sin afectación por plaga.
Desde la siembra del maíz la Red conformada por especialistas de destacadas instituciones científicas, productivas y sectoriales viene emitiendo informes sobre el avance de la población de chicharritas, y su afectación en los cultivos sembrados, ya sean tempranos o tardíos, para evitar lo que sucedió el año pasado y llevar algo de tranquilidad a los productores maiceros de zonas fuera la región endémica.
Como era previsible para el fin del verano, el décimosexto informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, basado en el relevamiento de 361 localidades maiceras de la Argentina entre el 14 y el 28 de marzo de 2025, muestra que la presencia de chicharrita tuvo un aumento importante en todas las regiones del país, particularmente en las zonas endémicas del NOA y el NEA.
“Este incremento, sin embargo, no afectará a los maíces de la actual campaña, ya que alrededor del 90% se encuentra en estados fenológicos reproductivos o ya fueron cosechados, con lo que superaron la etapa de susceptibilidad al complejo de achaparramiento”, dice el informe recientemente publicado.
Luego, a modo de comparación, los expertos escribieron: “A diferencia de la campaña pasada, en la actual los productores estuvieron prevenidos y supieron manejar las detecciones tempranas del vector. Las pérdidas productivas de esta campaña se dieron por fenómenos meteorológicos, tanto sequías como inundaciones”.
No obstante, los expertos aseguran que no hay que bajar los brazos en la lucha contra este insectito: “Es clave no abandonar los monitoreos, no solo con trampas sino también con inspección directa en cultivos, para ver cómo fluctúan las poblaciones y dónde quedan focos con potencial de daño para las próximas campañas, indicó Alejandro Vera, investigador de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) y coordinador de la Red.
La Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis surgió en 2024, en respuesta al problema del complejo del achaparramiento del maíz transmitido por esta plaga, que afectó gran parte de la superficie maicera de la Argentina.
Coordinada por la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), participan en ella instituciones claves del sector agropecuario argentino, como la Asociación Argentina de Protección Profesional de Cultivos Extensivos (AAPPCE), la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC).
Los objetivos de la Red Nacional de Monitoreo Dalbulus maidis son informar sobre la captura de adultos de esta especie con trampas cromáticas adhesivas en regiones donde se cultiva de maíz, e informar sobre el porcentaje de la infección estacional de estos adultos con Corn Stunt Spiroplasma (CSS), tarea a cargo del Centro de Bioinvestigaciones de la UNNOBA-CICBA (Conicet).