El sorgo ya no es ese cultivo de relleno que se sembraba por descarte, cuando el maíz no cerraba por clima o por plata. En el corazón agrícola de la Argentina, en los alrededores de Rojas, una expo organizada por la empresa RAGT Semillas lo volvió a poner en el centro de la escena. Y no solo por sus rindes, sino porque hay demanda, precio y tecnología que lo empuja.
“Hoy el sorgo tiene precio futuro. Hay compradores, hay exportación, y hay rindes por encima de los 10.000 kilos por hectárea. El sorgo encontró su lugar”, sentenció Federico Pisoni, director operativo de RAGT en Argentina, durante el encuentro realizado en el campo El Origen, bien cerquita de Rojas.
Además del lanzamiento de nuevos híbridos, la empresa puso allí el foco en tecnologías de manejo: densidades, fechas de siembra, fertilización y control de malezas. Todo acompañado por algo que parece volverse cada vez más relevante: genética pensada para cada ambiente.
Te lo anticipamos y se cumplió: El sorgo, despacito y muy calladito, se terminó “empomando” al maíz
La que puso el cuerpo (literalmente) al proceso fue María Belén Bianco, parte del equipo de investigación de RAGT, que explicó cómo se construyen las nuevas líneas de sorgo: “Hacemos entre 90 y 100 emasculaciones a mano por año. De ahí surge la variabilidad que después seleccionamos para lograr híbridos con potencial. Es un trabajo de años que recién después se presenta al área comercial.
Uno de los sectores más recorridos de la muestra fue el Módulo Innovación, donde se vieron ensayos con híbridos, herbicidas y el manejo del famoso pulgón amarillo, ese bicho chiquito que hace temblar más de un lote cuando se instala en serio.
“El pulgón es como el dólar: hay que seguirlo día a día. Aunque tengamos híbridos tolerantes, hay que monitorear siempre”, advirtió Vicente Trucillo, consultor del Programa de Breeder de Sorgo de RAGT. Y sumó: “Por eso desarrollamos SProtect, una tecnología que otorga tolerancia genética frente al ataque del pulgón amarillo. Está presente en todos los segmentos: graníferos, forrajeros, sileros y doble propósito”.
Otra de las claves de la jornada fue el debate sobre densidad de siembra. Según Trucillo, se puede sembrar menos y producir lo mismo (o más): “Se suele sembrar el doble de lo que se necesita. Pero con buena humedad, temperatura y un buen contacto semilla-suelo, se puede ajustar la densidad y ahorrar en insumos. Eso baja el costo por hectárea”.
La recorrida de campo incluyó una galería de híbridos con nombre propio: TOB 66 T, TOB 78 DP, TOB 63 T, TOB 1062 IG, TOB 1078 IG y el nuevo TOB 1055 IG, un sorgo de bajo tanino que está a punto de sumarse al portfolio comercial. Cada uno con lo suyo: algunos con alto rendimiento en grano, otros pensados para silaje, algunos con estabilidad ambiental y otros que combinan tolerancia a herbicidas con potencial comercial.
“Porque el negocio cambió”, resumió Trucillo cuando le preguntaron por qué tanto ruido con el sorgo. Y lo explicó: “Hoy el precio está por encima del maíz desde hace tiempo, hay compradores firmes y demanda sostenida, sobre todo desde que China ingresó al mercado. Mientras el maíz tuvo vaivenes, el sorgo creció parejo y constante”.
Pisoni, por su parte, lo cerró con una imagen fuerte: “Estamos viendo una nueva normalidad: sorgo y girasol en campos de la zona núcleo. Y con rindes que antes parecían imposibles”.
La pregunta, entonces, ya no es si vale la pena mirar al sorgo. La pregunta es si no llegamos un poco tarde a darnos cuenta de que estaba pidiendo pista hace rato.