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Una crónica del acto de San Pedro: mucho oficialismo y poco ruralismo

Por Matías Longoni (@matiaslongoni).-

Dejen que les cuente mis impresiones sobre el acto de San Pedro para conmemorar el décimo aniversario de aquel mamarracho económico y político que fue la Resolución 125 y la consecuente formación de la Mesa de Enlace. Lo haré con mucho respeto por quienes organizaron esta conmemoración, pero también con un tono de crítica. No se asustaran ellos ni se ofenderán. Me conocen desde hace rato: soy unos de los pocos periodistas que diez años atrás corríamos detrás de ellos haciendo la crónica de este histórico conflicto.

Escribo esto al rato, ya decantadas las emociones por el reencuentro con muchas caras conocidas y otras no tanto. Hubo mucho de eso: de reencuentro. Gente que se bajaba de los autos y las camionetas y se abrazaba con otra gente que quizás no veía desde hace una década. Muchos abrazos. Estuvo bueno eso que sobraba. Entre los de a pie y sobre el escenario hubo muestras de afecto.

Hubo afecto, pero para poca gente: con generosidad unas 500 personas, que es mucho menos de la que esperaban los organizadores. No hubo ningún micro y los choripanes te los vendía una asociación civil de San Pedro, para recaudar fondos. Hubo poco manejo de la política local, pese al visible apoyo de los municipios de Baradero y de San Pedro. No hubo tropa política; al acto fue el que quiso y pudo porque no había obligación.

Hubo mucho autoconvocado y algo menos de dirigentes enrolados en las entidades rurales tradicionales. Y eso es porque entre ciertos sectores del ruralismo hubo claras intenciones de desacreditar este acto, no se entiende mucho con qué sentido. El único presidente de la Mesa de Enlace contemporánea que asistió fue Daniel Pelegrina, de la Sociedad Rural, a quien el uasap se le comenzó a llenar de mensajes con puteadas de otros dirigentes del ramo. Muchas puteadas recibió.

Y como hubo pocas banderas partidarias o institucionales, lo que hubo es un volver a predominar de los colores celeste y blanco de la bandera argentina, símbolo de aquellas movilizaciones enormes protagonizadas por el agro unos diez años atrás. Otra cosa linda que hubo fue la participación del Pampa Cruz, quien animara con sus versos de payador aquellas movilizaciones en el monumento de la Bandera en Rosario, o en el de los españoles, en Buenos Aires. Duele decirlo, pero hasta con rima y todo, resulta mucho más útil este cantor para entender el conflicto que los discursos de muchos dirigentes.

Hubo retos en tono grave, de los viejos ruralistas de aquel 2008 a los nuevos dirigentes de este 2018, sobre todo por intentar desinflar este acto destinado a conmemorar el comienzo de aquella gesta. El más duro fue Mario Llambías, de CRA, quien más o menos dijo que “si los nuevos dirigentes hicieran cosas, pues no se molestarían por este tipo de homenajes”. Pero mucho más atrás no se quedó Hugo Luis Biolcati, el “quinto presidente” de aquella Mesa de Enlace. Se ve que como viajaron juntos en el auto a San Pedro, junto a Luciano Miguens, se fueron dando máquina entre ellos.

Hubo momentos de zozobra, como cuando se cortó el equipo de audio y parecía que no se iba a escuchar nada. Duró hasta que el autoconvocado de Salto, Armando Zavala, ofreció el viejo altoparlante que lleva colgado del cuello desde aquellos días de 2008 en los que agitaba en el Congreso en contra de la 125. Hubo emoción, también de la mano de Zavala, cuando recordó a varios de sus compañeros de lucha fallecidos.

Hubo aplausos, los más ruidosos de todos, cuando llegó al playón de San Pedro la diputada de Cambiemos, Lilita Carrió. En su discurso, plagado de autorreferencias y grandes dosis de ego, hubo unos pocos momentos en los que desplegó su política de alto vuelo. Por ejemplo, cuando recordó que Hugo Moyano estuvo a punto de andar su tropa de camioneros contra los chacareros. O cuando se presentó como la aliada indisciplinada y necesaria para controlar a este gobierno. Los autoconvocados aullaban frente a su muestras de autonomía “en defensa de la República”.

Hubo mucho oficialismo y demasiadas referencias a la situación actual del campo; hubo muy poco ruralismo. Las excepciones una vez más fueron Llambías y Biolcati, que a su turno criticaron el abandono de una política para salvar a la lechería y el doloroso impuestazo en la provincia de Buenos Aires. Trago saliva el ministro bonaerense Leonardo Sarquis, quien en todo momento ofreció armar mesas de negociación con otros funcionarios de la Vidal. Hubo eso, muchas invocaciones a la posibilidad de trabajar en conjunto para ir corrigendo lo que anda mal. Hubo, además, mucha cortesía: nadie puteó a nadie.

Hubo muy escasas menciones a la sequía y el quebranto que este fenómeno provocará a miles de productores. Cero coma uno, casi nada. Hubo poco ruralismo, escasos bríos quedaron de aquellos tiempos.

Hubo mucho oficialismo, sin duda. “Mucho macrismo”, me dijo un autoconvocado desconfiado. El acto fue clausurado por el ministro de Agroindustria, Luis MIguel Etchevehere, quien destacó los cambios de actitud del nuevo gobierno para con el sector. “Si hubieramos soñado esto diez años atrás…”, repitió un par de veces. Nadie lo ponía en discusión. Hubo mucho recuerdo de aquel pasado y mucho consenso de que fue una porquería. Hasta el Mellizo de Angeli, que gracias a ese pasado hoy llegó a ser senador por Entre Ríos, confesó: “Fueron 100 días que no quiero volver a vivir nunca en la vida”.

Hubo mucha gente arriba del escenario, con mucho recelo entre ella, y muy poca gente debajo, en el playón. Mucho homenajeado y poco aplaudidor, apenas los justos y necesarios. Hubo demasiado política oficialista, internas incluidas, y demasiado poco ruralismo crítico. Los productores, a veces decepcionados con sus dirigentes, a veces ocupados en sus propias pequeñas tragedias, estaban en otro lado, seguramente  mirando hacia el cielo.

Pragmáticos, salieron cuando había que salir a defenderse, en 2008. Pero esta claro que no esperan en este tipo de actos la solución a sus problemas.

 

 

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