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Sabores y saberes: El origen de la Fiesta del Año Nuevo y la Ambrosía, manjar de dioses

Por Esteban “El Colorado” López.-

Se acerca fin de año y es bueno saber por qué existe esta fiesta.

La adopción del año solar como unidad de tiempo es de origen egipcio.

En Sudamérica los pueblos originarios celebran el comienzo de su nuevo año en junio, en el solsticio de invierno. Por ejemplo, los pueblos andinos celebran el Inti Raymi, una fiesta por el nuevo año agrícola, en la que velan durante la noche más larga del año para saludar todos juntos al día en su primer estallido.

En el solsticio de diciembre se festeja el regreso del Sol, su triunfo sobre las tinieblas, en el día más largo del año.

Luego el mundo católico situó la Natividad de Cristo en esa fecha, con la misma intención simbólica de renacer al mundo y renovar todas las cosas, a cambio de la festividad pagana que en Europa denominaban Sol invicto. Hoy no coincide la fecha de la celebración religiosa con el solsticio de verano porque se han hecho muchos ajustes al calendario. ​

En la zona andina, durante el solsticio de diciembre, los pueblos celebran el Capac Raymi en honor al sol, que tiene origen prehispánico, en el que sacrificaban animales, bebían chicha,  mascaban coca y danzaban mucho.

Cuentan que para los pueblos antiguos o primitivos el tiempo era y es cíclico, circular, de un eterno retorno. Y como todo gira en torno a la naturaleza del mundo, al volver a repetirse las estaciones, para encarar un nuevo ciclo, desde tiempos remotos necesitaron detener la rueda del tiempo, renovarlo todo, y recomenzar una y otra vez hasta hoy. Porque nos da la sensación de que el tiempo se gasta. En realidad el mundo se gasta, nos gastamos nosotros.

Por eso muchos pueblos primitivos celebraban ritos orgiásticos, que no debemos tomar de modo restringido como una mera liberación sexual, sino que consistían en la necesidad humana de liberarse de todas las rutinarias ataduras sociales que agobiaban durante el año.

Hoy mismo en los carnavales se puede experimentar, por ejemplo en nuestro Noroeste, la abolición de “todas” las normas sociales, donde en ese tiempo sagrado uno deja de ser esposo, jefe, empleado, vigilante o polizón. Imaginen que por unos días uno no tuviera que madrugar, ni pagar impuestos, y pudiera beber una copa más, bailar hasta el amanecer y hasta abrazarse con una linda vecina, siendo casado. ¿Y la esposa de uno? También…

Desde antaño el hombre ha sacralizado este tiempo con el afán de purgarse, limpiar sus pecados, curarse de las enfermedades, ahuyentar a la muerte, atraer y asegurar a la vida, renovarse y juntar fuerzas para afrontar todo el año siguiente.

El mitólogo Mircea Eliade contaba que para el año nuevo los primitivos levantaban el tabú de la nueva cosecha y la proclamaban comestible para toda la comunidad. Y que estos rituales ordenaban el calendario e imponían la agricultura. Decía el investigador rumano que la mayoría de las orgías colectivas encontraban justificación ritual en la promoción de las fuerzas de la vegetación: se verificaban en ciertas épocas críticas del año, cuando las semillas germinaban o cuando las cosechas maduraban, etc. Por ejemplo, la tribu Ewe en África practicaba la orgía en el momento en que la cebada comenzaba a germinar.

Otros pueblos la practicaban en el momento de la unión del dios Sol con la diosa Tierra. Estas manifestaciones tendían a instaurar la fertilidad y la opulencia universales y dar fuerza al año que comenzaba.

Nos equivocamos si creemos que nosotros los modernos y civilizados ya no pensamos como los primitivos. Eliade probaba que sólo cambian nuestros modos, aunque dejemos de invitar a una mujer embarazada para que tire las primeras semillas con el fin de lograr mayor fertilidad en la nueva siembra.

Por eso en las ciudades seguimos evitando pasar por debajo de las escaleras, o que nos den el salero en la mano,y así practicamos infinidad de supersticiones modernas.

Los invitamos a que nos escriban contándonos qué costumbres mitológicas mantenemos en el campo hoy, a pesar de la maquinaria moderna, y qué nuevos modos mitológicos han aflorado en la vida rural. Se aceptan ejemplos de modalidades en las que intervengan los drones o los teléfonos móviles.

Recomendamos profundizar estos temas leyendo las obras del filósofo y mitólogo Mircea Eliade, “Mito y Realidad”, “El mito del eterno retorno”, “Lo sagrado y lo profano”, etc.

No podemos despedir el año sin recomendar algo rico para esta fiesta de año nuevo. Les proponemos un postre norteño que parece haber venido bajando del Alto Perú hasta nuestro noroeste y luego a Buenos Aires en la segunda mitad del siglo XIX: la Ambrosía, que es tan delicioso que lo llamaron así como los griegos llamaban al supuesto manjar con que los dioses se alimentarían. Claro, con lo más rico del universo.

Les deseo a todos un próspero y dulce Año Nuevo. ¡Ah! Y crucemos los dedos,para que el 2018 sea mejor.

Anote bien:

  • 12 yemas de huevo.
  • 5 claras.
  • 1 litro de leche.
  • ½ kg de azúcar.
  • 1 vainilla en rama o un chorrito de vainilla.
  • 1 chorrito de limón, y trate de que sea de la fruta, bien natural.

Cómo se hace:

  • Hervir la leche con el azúcar hasta que tome medio punto de dulce de leche.
  • Batir las yemas con las claras.
  • Echar la leche.
  • Revolver sobre fuego por 3 minutos.
  • Echar el jugo de limón.
  • Mantener en fuego sin revolver, pero sacudiendo para que no se pegue.
  • Si lo cocina poco, le quedará de un color casi blanco. Pero puede cocinarlo más hasta que tome color marrón.
  • Queda con una textura como la de la ricota, granulada, pero dulce y amarronada, granulado, y cuanto más se lo cocina al fuego, más dulce queda, y en este caso  se sirve en pequeñas porciones, para que no empalague.
  • Finalmente puede cocinarla 10 minutos al horno a fuego moderado en porciones colocadas en recipientes de aluminio.
  • Retírelos, deje enfriar, colóquelos en heladera y sírvalos en copas.

Se come con cuchara.

Que la disfruten escuchando a Mercedes Sosa.

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